¿Viceversa?

Últimamente confundo mucho la necesidad de escribir, con las ganas de leer.
La necesidad de un café con las ganas de un cigarro.
La necesidad de un vaso de agua (ese, único e inigualable, que siempre nos parece que está a rebosar), con las ganas de otra cerveza.
-O viceversa-.

Los versos pecera, con los versos mar.
La necesidad de follarte, con las ganas de quererte (que, como todo el mundo sabe, “es otra forma de querer”; pero no basta, y hago mucho ruido para oír lo que me falta).
-Y a esto no hay quien le de la vuelta. De hoja. De ojalá. O sí, porque pierdes el mechero todo el tiempo, pero al final lo encuentras (o lo encuentro)-

Hasta que me de por admitir (otra vez) que da lo mismo.
Pero por el momento, ojitos antireloj, voy a pedirte cinco minutos más.
Y otra poesía.

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Qué más da.

Me apetece caminar, sin moverme de mi cuarto. Porque hoy quiero estar aquí.

Quiero coger un avión y aterrizar en nuevos porqués.

Quiero que me lleves a un túnel de lavado, a ver llover.

Porque podemos ver películas lentas, que son más poesía que conflicto, pero es que, según a que latidos, una crea al otro.

Podemos intentar escribir justo ahora, con la arena del reloj metida en los ojos, y el centro del huracán en el ombligo.

Y es que podría preguntarte cualquier cosa; y me responderías.

Podría (d)escribirte en veinticuatro moretones, de los que parecen la aurora boreal sobre la piel, pero un poco más muerta. De los que no tienen explicación.

Y aún me sobrarían tres. Tres palabras. Beso y medio.

Porque ya no sé si costillas, o gramos.

Si viento o carne…

Pero qué más da. Si se nos escapa igual.

Aunque a veces no me alcanzo y. Joder, me echo de menos.

Puedo intentar huir de mí, de mis horas de más,
pero siempre me persigo.
Ya no vale el humo que sale de tu boca
con el cigarro de después del abismo.
Ya no sirven los charcos, los trucos de escapismo,
ni intentar dar vueltas
con más grados que lo que bebimos ayer.
Y es que me he quemado con la tinta
hasta ser ceniza de mis propios labios.
“Hecha de viento en vez de carne”,
cualquier excusa es válida, si suena a mis vicios.
Porque vamos a utilizar el “egocentrismo
como forma de erotismo”,
y admitir que mejor mis ruinas que la nada.
(Por cierto, gracias; gracias por la nada. -Nótese la ironía).
Así que si el golpe retumba por todo el cuerpo
-porque, al fin y al cabo, está hueco-,
yo

me escribo.