Las mismas palabras repetidas en bucle. Por si fuésemos algo.

Guardo los recuerdos en olores

por si cupiese todo en el subconsciente

de mi nariz.

Me olvido,

y pongo una coma para disimular

el punto y abismo

que sigue a certezas como esa.

Que sigue andando

como si pudiese no bailar,

triste y alegre,

y persiguiendo trenes para dejarlos

ganar.

Ganas de saltar.

De saltarte         encima.

De saltarme       los charcos

que ahogan puertas a medias.

De abrir todas las puertas

y que entres. Olor

a herida

a sangre

a insomnio

a tinta,

a nuevo y a viejo,

a sal y a sol.

A mí.

Voy a reescribirme

desde el olor a nada de las flores secas,

mojando el papel

para recordar que sólo somos

las mismas palabras

repetidas en bucle

-verso y prosa-.

Pero siempre será mejor

lamernos las ruinas,

hasta que escuezan otra vez,

que no escribirnos
(la)  nada.

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Lo bonito de los trenes de larga distancia, es que a veces son barcos pirata.

Y  pensar que hace ya un año del Círculo Polar. 
De cuando aprendimos la nieve, y Aurora nos enseñó a llorar de colores y no tanto en blanco y negro. 
Hace ya un año que me caí de la casi cima del mundo. 
Un año desde que cualquier norte es menos norte, y el hielo ni cubre ni apaga incendios.
Medias tintas,
pero siempre un poco más
de frío
cuando no estamos

para que hasta el último verso arañe la piel con escarcha.

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